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A favor de la rabia

La rabia es una emoción que de entrada tiene muy mala prensa. Suena a combate, a pelea. Y es así, para eso está. Porque la vida muchas veces es muy jodida. Van a atacarte. Va a ver cosas que te van a hacer daño y más te vale tener garras y saberte defender. O la propia vida te va a enseñar lo que es la sodomía.

Vivimos en un mundo en el que lo políticamente correcto y el buenismo hacen que la rabia tenga muy mala concepción, cuando es algo absolutamente necesario. Además, la rabia, es una expresión de amor. Sí, así es: cuando atacan algo que amas, lo defiendes.

Recuerdo el caso de un paciente (un chico de veintitantos años realmente grande y corpulento que me ha dado permiso para poner su caso como ejemplo) que desde pequeño le hicieron un bullying brutal precisamente por ser mucho más grande que los demás. Le hicieron daño a base de bien al pobre chaval. ¿Por qué pasó esto cuando podría haberse defendido fácilmente? (me narraba que le sacaba a cada niño que se metía con él, por lo menos una cabeza) Porque sus padres, asustados por su corpulencia, le recalcaron desde pequeño que por su fuerza y corpulencia no debía pelearse con sus iguales. Así que ahí estaba, sufriendo estoicamente la crueldad de los otros chavales, cuando si hubiera sacado su rabia legítima se hubiese defendido, les hubiese enseñado a sus compañeros que no era inteligente reírse de él. Y si un día hubiese habido una escena incómoda: el chaval le pega a uno de los que se ríe de él, le hace daño, el otro llora, vienen los profesores, les castigan, llaman a los papás… Y YA ESTÁ.

Por no poder enfadarse, tuvo que vivir años de vejaciones, ataques gratuitos y humillaciones varias.

Y cuando te atacan a ti o a aquello que amas (ideas, pareja, familia, mascotas o espero que incluso a ti mismo) tienes dos opciones: claudicar o pelear para protegerte. Como cualquier proceso emocional (cuando es sana) es una respuesta adaptativa primaria para satisfacer una necesidad, la de protegernos. Por eso nacemos sabiendo enfadarnos, porque es útil y necesario para sobrevivir a un entorno que muchas veces se torna hostil.

Piénsalo, seguro que te ha pasado: un amigo o tu pareja dice algo que te enfada, y no quieres “montar bronca” porque ha sido algo que no es para tanto, porque no quieres enfrentarte a esa persona. Así que intentas controlar tu rabia: Te tiras varios días dándole vueltas al tema, rumiando en tu cabeza, y cada vez te vas indignando más y más, fantaseas con lo que le deberías haber dicho, te sientes mal por seguir dándole vueltas a eso que “fue una tontería” o por no haberle dicho cuatro cosas a la cara. Piensas en si el otro de verdad quería hacerte daño o no, y sobre todo, intentas “pasar del tema”, pero ese enfado parece que vuelve a tu cabeza una y otra vez, reclamándote atención.

Tú respiras, cuentas hasta diez u otras mil cosas, pero al final no puedes más y se lo dices: “El otro día me molestó eso que dijiste”, y hay un momento tenso de narices y la otra persona te da sus explicaciones… En función de esta pelearéis o no, pero después de decirlo, de no reprimir la rabia y sacarla, te sientes en paz. Liberado. Más a gusto que después haber corrido una maratón o de echarte una buena siesta, y ya no estás enfadado, ya no lo necesitas, ya te has defendido.

Así funciona en personas sanas. Otra cosa es la crueldad, o la “necesidad” de hacer daño a otras personas, que suele ser una forma bastante enfermiza de manejar el dolor. Normalmente, personas que han sido víctimas y necesitan “compensar” esa sensación siendo verdugos, pero ese es otro tema, del que supongo ya os hablaré detenidamente.

¿Con esto estoy diciendo que todo vale y que puedes enfadarte siempre que quieras? ¿Ir por la calle pegándole a la gente con un bate de béisbol? No, te estoy diciendo que, si te enfadas, antes de pensar que eres malo o que no puedes enfadarte escuches la información que te está dando ese enfado, que tomes consciencia sobre qué te está haciendo daño y si necesitas defenderte. Si callarte es traicionarte a ti mismo y dejar que te hagan daño.

Luego también están los costes de expresar ese enfado: Lógicamente si no matizas el enfado, si no lo expresas de la forma adecuada es posible que esa persona rompa su relación contigo o se sienta herida o cualquier cosa… ¿Está bien o mal? Eso depende de lo que esa persona te importe, de tus ideas, forma de entender la vida, creencias y conciencia. Y yo ahí no me meto. Sólo te digo que tu mente va a llevarte al enfado una y otra vez.

No hay una “forma correcta” (por más que la mayoría de mis colegas profesionales estén todo el día diciéndole a la gente cómo debe hacer las cosas, lo cual me parece un error y un egocentrismo mayúsculo) hay la que te cuadra a ti con los riesgos que estás dispuesto a asumir y con qué te sientes cómodo y es congruente con todo lo que he dicho arriba. Pero eso, sólo lo sabes tú.

Así que escúchate antes de juzgarte, intenta entender por qué estás enfadado y luego haz ese trabajo fino de cómo quieres manejar esa rabia, y si quieres hacerlo o no. Si te va a proteger, o lo vas a dejar pasar.

Aclarado todo esto, hasta aquí la psicoterapia, y ahora te voy a hablar como Ventura (sólo me llamaba Buenaventura mi madre cuando había hecho algo mal y me iba a caer una bronca), como persona: No te voy a decir lo que tienes que hacer, pero sí que te lo voy a pedir, probablemente porque a mí me hicieron mucho daño y no me defendí: Por Dios, o más bien por ti o por lo que amas, defiéndete.

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