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La importancia de los valores en psicoterapia

En los comienzos de la psicología los valores fueron algo que se observaban, o bien con escepticismo, como en las primeras psicoterapias de corte conductista, o bien como algo que podía ser negativo, como la representación de un super-yo excesivamente represor, que llevaba al sujeto al conflicto.

Quizás la visión del ser humano de estos primeros modelos de psicoterapia, era un tanto negativa y pesimista, de ahí esa concepción de los valores, si el ser humano era fruto de una serie de conflictos que ocurrían en su inconsciente y ajenos a su consciencia o era poco más que la suma de condicionamientos recibidos, ¿qué importaba su forma de entender el mundo, ya que apenas podía elegir sobre su manera de funcionar en el mundo?

Fueron las psicoterapias humanistas, las primeras que hicieron entrar en valor la importancia de los valores como algo positivo en los sujetos. Desde Maslow (), con la idea de la autorrealización y del crecimiento, a Rogers con su énfasis de entrar en el mundo interno del paciente para una empatía real, lo cual también incluía sus creencias y valores, Frankl (1946) desde la logoterapia, en la que hablaba de una búsqueda de sentido vital, en la que si dunda los valores del sujeto tenían mucho que decir para encontrar sus por qué e incluso en la Gestalt, ya que Fritz Perls (1974) y sus discípulos invitaban a los sujetos a revisar los valores introyectados para escoger y elegir los propios, pero no renegaban de ellos (aunque por desgracia muchos han mal entendido la Gestalt como una terapia en la que no existe el compromiso o las obligaciones).

Otras corrientes entendían que podían ser trascendentes, pero no de forma especial, sino dentro de otros principios, como Milton Erickson (Pacheco citando a Erickson, 1996) cuando planteaba el principio de utilidad, consistente en que todo era válido de ser empleado como herramienta terapeútica (y esto incluía cualquier cosa, pero de facto especialmente ocurre en la forma de entender el mundo, experiencias y valores del paciente) o las terapias narrativas y cognitivo-construtivistas donde los valores podían explicar o determinaban parte de la visión del mundo que tenía el sujeto y que determinaba su manera de funcionar en éste.

Sin embargo, los modelos mayoritarios de psicoterapia, la Terapia Cognitivo-Conductual y las Terapias Conductistas no le daban especial cabida ni profundizaron en el tema. Los valores pertenecen al ámbito de la subjetividad, muy alejado del positivismo científico y del empirismo.

Fue con las terapias de Tercera Generación cuando autores como Steven Hayes retomaron la importancia de estas variables, en parte por asumir de una manera más o menos pública principios de las psicoterapias humanistas.

Especialmente, señalar la Terapia de Aceptación y Compromiso, donde se conciben como un elemento que mueve a la acción, a la ejecución conductual y que recogen muy bien las palabras de Plaéz-Barrina Gutiérrez-Martínez, Valdivia-Salas, y Luciano-Soriano de 2006 “…en ACT valorar es actuar, comportarse en dirección a lo que uno quiere para su vida en los distintos momentos y circunstancias vitales entendiendo que las trayectorias de valor se construyen a lo largo de la vida.”

Pero más allá de esta breve revisión histórica, donde además he partido de posturas “estereotípicas” y reduccionistas de cada modelo, sobre todo hablando de sus comienzos (y mucho han cambiado y se han flexibilizado desde entonces, esfuerzo especial que ha hecho en ello lo Psicodinámico) el objetivo del presente artículo es señalar la trascendencia de los valores del individuo en psicoterapia, y cómo estos pueden convertirse en un aspecto fundamental, que marque la diferencia entre el éxito y el fracaso de una psicoterapia.

Intentaré explicarte algunos puntos para que más allá de entender que esto es muy importante, tengas unas ideas claras o consejos sobre cómo puedes hacerlo:

1.- Explora sus valores activamente: Para conocer los valores de tu paciente, es importante que dediques su debido tiempo a conocer sus valores. A veces, nos centramos en exceso en el problema que queremos resolver y no vemos otras variables del paciente, como esta, que pueden ser determinantes en la psicoterapia.

2.- No sólo los entiendas a nivel “conceptual” sino, sobre todo, a nivel vivencial e individual. No basta con saber que tu paciente es feminista, católico o animalista. Sobre todo, lo importante es saber cómo los vive él y sus posturas ante ello (una persona, por ejemplo, puede ser católica y tener una actitud crítica con la Iglesia y sus postulados en la homosexualidad)

3.- Cuando des una pauta, busca que sea compatible con sus valores. Cuando sospeches que la técnica o recomendación va en contra de su sistema de creencias, debes explorar con él cómo se siente al respecto y ver las formas en las que sí se sienta cómodo. Aprender a decir que no en personas muy solidarias y comprometidas con otros, por ejemplo, es difícil si no le das un argumento desde su sistema de creencias, como que la solidaridad empieza por uno mismo o que para ayudar a los demás primero tenemos que cuidarnos a nosotros mismos.

4.- Empléalos como herramienta de motivación al cambio. Desde mi punto de vista, es aquí donde más pueden convertirse en una herramienta terapéutica. La mejor forma de hacer que un paciente se comprometa con intentar cambiar algo, es tomar consciencia del propio dolor que le genera, del coste que paga o de que esa forma de funcionar transgrede su sistema de valores si nos referimos a que deje de hacer algo o que hacer ese algo que le proponemos es la forma de ser consecuente con aquello en lo que cree. Es de extremada importancia conectar la pauta con algún punto de los valores de tu paciente para que se involucre de forma activa en su implementación. Por ejemplo, en una madre abnegada en el cuidado de sus hijos, que no tiene tiempo para hacer deporte, señalarle que si no se cuida acabará enferma y entonces sus hijos sufrirán al verla mal.

5.- No los juzgues. Como psicoterapeuta seguro que tienes una forma de entender la vida, probablemente una mezcla de tus valores y tus conocimientos sobre psicología. Es importante que entiendas que debes tener aceptación incondicional con tu paciente y sus creencias, aunque te parezcan profundamente reprobables. Si te es imposible, deriva ese caso.

La empatía es la variable determinante para el éxito de una terapia, y esta no sólo es emocional y ponerte en el lugar del otro, sino que también implica hacerlo desde su sistema de valores. Si tienes dudas al respecto, te recomiendo leer a Carl Rogers y su modelo de psicoterapia centrada en el cliente.

6.- Valores por encima de Técnicas o Marcos Teóricos. Un paciente no va a hacer algo, por muy terapéutico que sea, si siente transgrede una parte importante de sí mismo, o en el caso improbable de que lo haga, tendrá importantes efectos secundarios a nivel de culpa, autoestima o autocrítica. Si una pauta va en contra del sistema de creencias del paciente, busca otra sustitutiva, aunque sea peor. Por ejemplo, en sexología cuando le pides al paciente que se masturbe para que pueda conocer mejor su propia anatomía y sexualidad a una persona que profesa la fe Islámica.

7.- No sólo implementes tareas aisladas, únelas a un propósito mayor. Por ejemplo, un sentido de vida o de congruencia en la relación consigo mismo o aquello que es importante para él. Estas ideas, la primera desarrollada por Viktor Frankl o Fritz Perls son elementos que siempre incluyo en mis psicoterapias.

8.- Conceptualiza los valores como una acción y no como un concepto.  Transmite siempre a tu paciente que esos valores no son algo conceptual, una idea estática o fija en nuestra cabeza, sino algo que, como el movimiento, se demuestra andando. Así los valores servirán para el punto 4, el 7 y le permitirás que le viva de manera más acorde con aquello que decide creer y ser.

 

Bibliografía:

Frankl, V. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial.

Pacheco, M. (1996). Acerca de las miradas y las teorías del hipnotismo y la hipnosis. Hipnoterapia: nivel básico. Monografía no publicada.  

Páez-Blarrina, M., Gutiérrez-Martínez, O., Valdivia-Salas, S. y Luciano-Soriano, C.(2006): Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y la importancia de los valores personales en el contexto de la terapia psicológica. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 6 (1), 1-20.

Perls, F. (1974). Sueños y existencia (Gestalt Therapy Verbatim). Cuatro vientos.

Rogers, C. R., & Carmichael, L. (1981). Psicoterapia centrada en el cliente: práctica, implicaciones y teoría.

 

Buenaventura del Charco Olea ejerce como Psicólogo en Marbella y Psicólogo en Granada, además de como ponente o profesor invitado en diferentes Universidades, Congresos e Instituciones.

 

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