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El nuevo producto: las personas

Vivimos en una sociedad que en apenas unos años ha cogido mucho de los referentes que parecían atemporales y que, si uno observa el devenir de la historia, se han mantenido fijos. Un legado grabado en piedra que pasaba de generación en generación y los ha mandado a paseo. Dentro de la frase de brocha gorda que supone esto (y que sin lugar a dudas hay múltiples excepciones y es una generalización con todo lo que ello implica) más o menos, creo que es así.

La industrialización y los nuevos modelos de producción, que han bajado enormemente los costes, han hecho que tener bienes sea algo relativamente al alcance de todos en el mundo desarrollado. Todo el mundo puede tener un coche, mejor o peor, pero lo tiene y con la ropa de marca pasa algo parecido. Por eso, y a pesar de los esfuerzos de la siempre incansable industria del marketing, tener cosas empieza a no ser suficiente.

Con esto no quiero decir que sigamos teniendo una obsesión por acumular cosas. De hecho, sólo tenemos que mirar cualquiera de nosotros en la casa en la que vivimos y encontraremos un montón de mierdas que acumulamos. Lo que intento señalar es que antes el estatus de una persona y su valía, en parte, se fijaba o intentaba fijar a nivel social por aquello que poseía, pero ahora las cosas están cambiando.

Claro que continúa ocurriendo lo que llamamos el “postureo” o “fardar” a través de cosas materiales: Sigue siendo fácil ver a personas que ponen su autoestima en poder tener cosas preciadas socialmente, como si de eso pudiese inferirse su valía personal. Sin embargo, esta valía del individuo a través de sus posesiones, esta idea de consumo desaforado, ha empezado a traspasarse a las personas.  Podríamos decir que los individuos nos hemos visto “contagiados” de ello. Ya no vale con tener cosas (porque todo el mundo puede) así que para seguir diferenciándote y destacar, debes hacerlo contigo también. Ahora el nuevo producto somos nosotros mismos: las personas. 

Ahora fardamos o equiparamos a nuestro valor como individuos a nuestras cualidades, aquello que sabemos hacer y nuestras experiencias... como si nos hiciesen mejores personas. Nuestra autoestima por tanto se convierte en una autoestima basada en el logro, es decir: tanto sabemos hacer igual a tanto valemos y por tanto a como de dignos de ser amados o valorados por ello.

Tener estudios universitarios, “vivir experiencias”, viajar, hablar idiomas, saber tocar un instrumento, ser ingenioso, culto, y, sobre todo, máximo ejemplo de esta tendencia: tener un buen aspecto físico. El caso es lucirse, fardar de algo, como si necesitásemos tener un ingrediente extra para tener un mínimo de valor como individuos.

Tenemos por tanto que ser mejores que nuestros “competidores” y que ser más atractivos para los “consumidores” que son las otras personas, las cuales, a su vez, son productos para otros. Esto explica que vivamos como una necesidad que la sociedad nos impone o nos autoimponemos. La mejora continua siguiendo la lógica de los productos: si estos cada vez son mejores y tienen más “extras” y cualidades, las personas, también debemos meternos en esa carrera de la mejoría. La novedad es importante, lo estable, aunque cómodo o fiable y es aburrido. Esto no sólo ocurre con nosotros mismos, también con los otros, de forma que también “consumimos” personas, especialmente en las relaciones de pareja en la era del Tinder y similares.

He de confesar que yo caigo con frecuencia en estos temas. Y que incluso con algunos, a pesar de lo que estoy escribiendo en este artículo, no los veo tan mal o incluso tienen su cosilla buena (siento decirte que no soy ningún jodido gurú ni el Dalai Lama revelado, que yo también tengo mis paradojas y contradicciones). Sobre todo con la de “no gastes el dinero en ti, gástalo en experiencias” que, puestos a gastar la pasta en algo, lo veo bastante mejor que gastarla en ese quinto par de vaqueros que apenas te vas a poner. Esta idea me gusta, pero a veces creo que nos obsesionamos con vivir todo el rato cosas nuevas y acumular experiencias como si fuesen imprescindible, como si hubiese que hacerse con todas como los putos Pokemons esos.

Puede parecer que esto es una reflexión más antisistema capitalista-consumista que psicológica, sin embargo no es así. Autores de renombre como la psicóloga y profesora de la Universidad de Texas KristinNeff (si te está interesando el tema te recomiendo enormemente su libro “Se más amable contigo mismo”. También puedes ver una conferencia que di hablando de la autoestima real, llamada “trátate bien”, donde abordo éste y otros temas) ya han mostrado el problema que la excesiva meritocracia, como expresión de esto que escribo hoy tiene efectos perversos y dañinos en la autoestima y en el bienestar de las personas. 

Las influencias de los pensamientos y sentimientos autocríticos (y cómo son mecanismos desadaptativos, negativos para solucionar problemas y ayudarnos a sentirnos bien) ha sido sobradamente demostrado por Greenberg. No hay, ni a nivel de testimonios ni de datos científicos nada que demuestre que las personas que tienen o fomentan más sus cualidades sean más felices. Pueden quizás tener mejor autoconcepto de sí mismos (algo que además es difícil, porque normalmente la gente que más avanza se “exige” más y por tanto suelen ser muy autocríticas consigo mismas) pero no más felicidad.

Te daré un ejemplo práctico: Japón, un país que ha hecho de la búsqueda de la excelencia su norma de vida y que empuja a las personas al principio denominado Kaizen (que se basa en la mejora continua) y donde ves que los individuos son fomentados y exigidos al desarrollo de sus cualidades. Es sin embargo uno de los países más más enfermos a nivel de salud mental, con una tasa de suicidios y de depresión que ha llevado a su gobierno a tener que poner en marcha agresivas campañas de prevención, con bastantes pocos resultados.

Con todo esto no quiero decir que sea malo que quieras avanzar, adquirir o desarrollar algunas de tus cualidades o aficiones. Simplemente, que no es un “tengo que” sino un “yo elijo”, que no eres un producto que tenga que mejorar continuamente ni estás en competición con nadie, que tu valor no depende de lo que sabes hacer.

Eres válido tal y como eres. Eres una persona. No una puta tendencia, una App o un producto.

 

Buenaventura del Charco pasa consulta cómo Psicólogo en Marbella y Psicólogo en Granada. Realiza docencia como profesor invitado en la Universidad de Granada y como director del proyecto Marbella Cuida.

 

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