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Está bien que estés triste

Estás triste y eso, quizás, está bien.

Seamos honestos, posiblemente has pinchado este enlace (al ver este título) porque estás harto de que todo el mundo te diga “tienes que ser positivo” o estás todo el día machacándote por estar mal y te dices que “ya deberías haberlo superado” o “no tienes motivos para estar así de jodido” o quizás, estás cansado de tu tristeza y de estar mal.

Quiero que me entiendas: estar triste no es agradable, por eso lo llamamos estar triste, y no “tener orgasmos”. Pero quizás, tienes un motivo para estar así, dudo que un día te levantases y dijeses: “voy a estar triste que hoy hace buen día para ello”. 

La tristeza, como todas las emociones, es un mecanismo de autorregulación filogenético (es decir, una respuesta con la que naces y que nadie te enseña) y que está ahí porque es una respuesta eficaz para cubrir una necesidad, normalmente, algo que perdimos (incluso algo que nunca tuvimos, pero deseábamos tener) o algo que nos hizo daño. Cuando vivimos eso, la tristeza es una respuesta útil, adaptativa, porque te invita a recordar lo que has perdido, a entender por qué era importante para ti, a que estés en la cama lamiéndote las heridas, a que llores y otros lo vean y te brinden su apoyo, a que mires algo que duele y que es duro o difícil mirar pero que es tuyo y demanda tu atención. Esa es la primera parada de la recuperación y por eso existe.

Puede que lleves tanto tiempo triste, o más bien, intentando no estar triste, que ya ni siquiera entiendes por qué lo estás (a veces lo sabes en el fondo de ti, pero te da miedo asumirlo), y no te cuadra si “hay gente que está peor” o “no sé por qué estoy mal si en mi vida hay cosas buenas”. Pero claro, si todo el rato estás intentando estar bien o castigándote por estar hecho un cenizo y un pesimista ¿cómo vas a entender tu tristeza si no la miras? ¿Cómo vas a solucionar algo que no entiendes? Como explicaba el gran Carl Rogers (uno de mis psicólogos favoritos, algo así como el Lionel Messi de la mente) sólo cuando aceptas una realidad, como que estás triste, puedes empezar a cambiarla.

La tristeza, como la digestión, no es algo que podemos decidir tener o no, es algo que se activa en nosotros por un motivo: Rompiste con tu pareja, sientes que tus padres no te ven y no les importas, aunque haya gente a tu alrededor te sientes muy solo, alguien te ofendió y te decepcionó, cargándose la relación que teníais, sientes que no vales nada... Igual que cuando tu cuerpo tiene un déficit de nutrientes crea el hambre para empujarte a comer, cuando algo te duele profundamente te pones triste para empujarte a curar esa herida emocional.

Muchas veces en consulta oigo a mis pacientes ponerse un temporizador. “Lo de mi ex me pasó hace dos años, ya no quiero seguir llorando por eso” o “Ya soy un adulto, no puedo seguir triste por cómo me trataron mis padres”. Con frecuencia veo el miedo en ellos de volver a sentir ese dolor, de que, si se lo permiten, eso les vaya a derrumbar y siempre les digo lo mismo: “si no pudo contigo cuando lo viviste, ¿cómo va a poder ahora por el simple hecho de conectar contigo y estar triste? Si eso fuese superior a ti te hubiese destrozado cuando ocurrió, y no lo hizo. El recuerdo nunca es peor que cuando está pasando. El tiempo no cura las heridas, las heridas las curamos nosotros, para eso necesitamos tiempo sí, pero sobre todo ponernos a curarlas y parte de esa cura es llorar por nuestro dolor.

¿Para qué sirve llorar? Oigo con frecuencia. Sirve porque hay lágrimas que limpian. Porque las lágrimas hablan y nos ayudan a entender lo importante que era eso para nosotros y lo rotos y vacíos que nos sentimos cuando se rompe.

Si no quieres estar triste, responsabilízate de tu tristeza, acepta que estás así en este momento de tu vida. Acepta que hay cosas que te duelen y no eres invulnerable. Y desde ahí, escúchala, aunque estés harto de estar mal, y poco a poco entenderás que herida o que pérdida es la que la produce y qué necesita para estar bien: compañía, decirle a la gente cómo te sientes de verdad, cariño y afecto, recordar lo perdido, sentir compasión por ti (de la sana, no de la victimista) y darte cuenta de que no puedes seguir dándote tanta caña con la autocrítica, descansar tras los duros golpes… Y entonces podrás dártelo y entonces dejarás de estar triste y sobre todo te habrás tratado con humanidad y respeto.

Quizás, sólo quizás, está bien que tengas la decencia contigo de estar triste cuando te pasa algo doloroso en tu vida. Que cuando pierdas algo valioso en tu vida, una persona o algo importante, eso te de pena y lo llores. Quizás está bien que tu dolor te conmueva, que te importe, hasta el punto de ponerte triste que algo te haga daño. Que te importe tanto lo que te pasa, que, si te toca llorar por ti y acompañarte en ese dolor, estés dispuesto a hacerlo. No te mereces menos.

Seguro que cuando ves a un amigo que lo está pasando mal te da pena. Y eso está bien porque significa que lo quieres. Intenta quererte a ti también como haces con los demás. 

Y el momento es ahora.

 

Si necesitas ayuda para entender y gestionar tu tristeza puedo atenderte como Psicólogo en Marbella y Psicólogo en Granada

 

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