El negocio del miedo al rechazo – Buenaventura del Charco
El negocio del miedo al fracaso Psicólogo Marbella

Cuando uno ve desde los ojos del ignorante, como es mi caso, las grandes empresas de hoy día todo parece ser tecnología, big data y marketing. Pero si lo vemos desde un enfoque de psicoterapia humanista, las cosas se simplifican bastante: las personas tenemos un miedo atroz y visceral a que nos rechacen, a no gustar y, por tanto, a no ser dignos de ser amados.

La publicidad hace tiempo que dejó de lado el producto para vender experiencias y sensaciones que asocian a aquello que publicitan. Nos venden por tanto aceptación, atractivo, seguridad, carisma… Relee esa lista bien, y, todas, de una forma más o menos directa, está relacionada con el hecho de ser válido, de ser digno de ser queridos.

Las personas llevamos inscrito en nuestro propio código genético el miedo al rechazo, de hecho, es una cuestión evolutiva, darwinista: Los seres humanos somos unos depredadores bastante pobres, pues no disponemos de una gran condición física, ni garras, ni colmillos ni naica, así que sólo podemos ser la cúspide de las especies gracias a nuestra capacidad de funcionar de manera coordinada y en grupo. Es el grupo, la familia o la tribu la que le puede proteger cuando ataquen, la guarda turnos para que ninguna amenaza se acerque mientras duermen, la que cuida a los enfermos y la que ayuda a trazar planes para cazar o recolectar. Si un ser humano es expulsado de su grupo, es muy improbable que sobreviva más de unos pocos y lastimeros días.

Por otro lado, la cría humana tarda bastante en ser autónoma, una cría de perro es capaz de ser autosuficiente en poco tiempo, pero la cría humana, tarda, como poco y en estándares prehistóricos al menos, doce años en serlo. Un bebé sin unos adultos que le alimenten, le limpien e incluso le ayuden a eructar está muerta al 100%. Todo esto, en estándares de la prehistoria, hoy en día, y más si es español, una cría humana no es autónoma hasta los 30 años, y en mi caso, sería muy discutible mi autonomía en áreas como el orden, la organización o la cocina.

 ¿Qué quieren decir estas dos cosas? Pues que la supervivencia de una persona depende de que la quieran, de ser digna de ser amada. Por eso para nuestra conciencia evolutiva, cerebro reptiliano o como quieras llamarlo (y en esto la ciencia tampoco tiene una teoría sólida e irrefutable al 100%, sino hipótesis sustentadas en experimentos y pruebas históricas) está grabado a fuego que te tienen que querer, que debes hacer lo que sea para intentar conseguirlo, pues nada más y nada menos que tu vida va en ello.

Y claro, ahí es donde está el filón de gran parte de la economía moderna.

Si te paras a pensarlo, hoy en día no sólo te venden un producto o servicio, sino que sobre todo te intentan vender una marca. Desde los coches a la ropa o un champú, la marca es un componente esencial en la economía de hoy en día. Éste ha sido uno de los objetivos clave del marketing, el de crear una marca, ¿por qué? Porque mediante la publicidad tratan de “asociarla” a todas esas virtudes que hacen referencia a la seguridad y a que te quieran o que seas “más querible” y así estimulan esa parte de tu mente que lo busca a cualquier coste. Básicamente el mensaje que te dan es que, si tienes ese producto de esa marca, gustarás más y te amarán más, y entonces, el fin no es tanto lo que compras, sino lo que “te imbuirá o contagiará” eso que compras.

Si observamos otro de los grandes servicios o productos de consumo actuales, el de las redes sociales, tiene exactamente el mismo fin, aunque lo haga por otros lados: en las redes sociales las personas (en términos generales) “se venden”, son un escaparate sin igual. Mostramos nuestros brillantes pensamientos, nuestros outfits y looks más rompedores, lo geniales que son nuestros planes en cada story, e incluso en linkedin postureamos para mostrar cuán atractivos somos. Se que muchas veces no lo hacer por eso, simplemente por compartir algo o saber de otros, pero reconoce que en el fondo de tu ser, muchas veces es mero postureo. No pasa nada, ahí tienes tu explicación evolutiva de por qué lo haces, de por qué, todo los hacemos.

Casi todo lo que consumes, en definitiva, es por intentar gustar más y así garantizar que te amen.

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