Estar puteado es el nuevo éxito – Buenaventura del Charco

Hay una cosa que me sorprende del mundo actual. Algo en lo que caí mucho tiempo, que ahora voy a analizar y tal pero, subrayando (de nuevo) que no soy tan sabio ni listo de los cojones como a veces puede parecer por aquí, de hecho, supongo que de este tema voy a hablar con conocimiento de causa. No tanto por lo que pueda aportar como psicólogo sino sobre todo como víctima de esta paradójica mentira moderna.

No hablo de otra cosa que del hecho de que actualmente vivimos como normal, incluso como deseable, el estar jodidos a base de bien. “Todo el día sin parar” “apenas tengo tiempo para otra cosa que para mi proyecto”, “cada vez asumo más responsabilidades en mi empresa”, “es una locura, todo el rato respondiendo mensajes y llamadas de personas interesadas”.

Incluso parece que tener estrés porque mastico más de lo que puedo tragar o tener que quitarle horas al sueño es una especie de “indicador” de que estás siendo exitoso. También parece que lo que no es otra cosa que tener una adicción a los objetivos (lograr una cosa y ya mirar la siguiente, estar en la profunda insatisfacción de que nunca es suficiente, de que siente hay que se podría mejorar…) y un patrón de pensamiento obsesivo con la “optimización” de lo que sea.

Claro que conseguir cosas cuesta, yo personalmente creo enormemente en la cultura del esfuerzo. Te aseguro que ver mis pacientes, hacer docencia, escribir un libro, colaborar en prensa y crear contenido para mis redes sociales no es algo que no implique un importante esfuerzo por mi parte (a veces incluso si me planteo que demasiado y tengo que reordenar prioridades) y que tengo bastante más estrés que cuando no tenía un perfil público en redes o medios de comunicación. No tiene nada de malo decidir invertir para tratar de llegar a algo.

De lo que hablo es de que parece que el “éxito” sólo se basa en esto, en conseguir este tipo de cosas y en tener la capacidad y la decisión de sacrificar todo lo demás por lograrlo. Te tiene que merecer la pena, si no es que eres poco ambicioso. Te tiene que apetecer, sino es que te estás instalando en la zona de confort y eres un conformista de mierda. Y por otro lado, el discurso imperante plantea que no tienes una energía y una capacidad finita, y lógicamente, los esfuerzos que vuelcas en una cosa es a costa de desatender otras. Si estás pendiente del negocio esa atención se la quitarás a otra cosa, por ejemplo, tu salud o tus hijos y no, no me voy a poner moralista o buenista y te voy a decir que eso es más importante: tú sabrás que coño es lo más importante para ti y en qué cargas las tintas asumiendo el coste de desatender otras facetas.

Creo que el éxito es estar feliz y en paz con uno mismo, a gusto con las decisiones que tomo y con lo que intento (otra cosa es lo que consigo) hacer y también creo que no todo merece la pena por conseguir objetivos, que hemos normalizado estar conectados todo el día a través de mails o whatsapps y no tener parcelas donde se limita cada cosa, también creo que tenemos una necesidad de evidenciar todo el rato lo bien que lo hacemos en las redes. También creo que se plantea que el sacrificio y el esfuerzo siempre merecen la pena, así sin más, en vez de plantearnos por qué queremos realmente conseguirlos y si es algo verdaderamente tan importante para nosotros como para sacrificar tanto o torturarnos por no alcanzarlos o que se plantee que lo único que nos hará felices será conseguir cosas sea cual sea su coste, cuando está sobradamente demostrado que la gente que obtiene más logros no es más feliz que quienes no lo consiguen (piensa cuantos “exitosos” de la música, las artes, las empresas, el deporte, la moda luego están amargados y se drogan a muerte o se suicidan).

Porque en todo proceso, en toda carrera, en todo viaje, llegar a la meta o el destino es importante, pero no hemos de olvidar que eso sólo dura un instante, y lo que ocupa la mayoría del tiempo es recorrer el camino en sí mismo, así que eso debe ser mínimamente agradable o sostenible. Creo que es importante entender que, aunque podemos acostumbrarnos al sobreesfuerzo, es precisamente ahí en donde radica el peligro: en normalizar algo que debería ser excepcional y desde luego no confundir estas exhaustos y jadeantes con estar triunfando.

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