No necesitas un gurú, necesitas un psicólogo – Buenaventura del Charco

La verdad es que cuando me puse a escribir este blog no sabía el embolao en el que me estaba metiendo. Aunque me hubiera metido igual, porque siempre fui una persona confrontativa a la hora de defender lo que pienso o lo que amo (por desgracia, cuando es defenderme a mi mismo me cuesta bastante más, aunque me esfuerzo en ser fiel a mi) pero amo la psicología, acompañar a mis pacientes en su dolor hasta que encuentran sus propias respuestas y caminos y la divulgación/docencia.

Estaba cansado de ver en las secciones de libros de auto ayuda y sobre todo en internet, tanto gurú e iluminado con la respuesta a la felicidad. O más bien promesas de respuestas, y, sobre todo, respuestas indoloras, respuestas inocuas, en las que ser feliz sólo depende de ser positivo, de reprogramar tu mente (que viene a ser lo mismo que querer reprogramar tu intestino para no cagar o tu corazón para que lata más rápido) o de seguir “10 fáciles tips” o hábitos o de tener determinadas herramientas. La felicidad es algo mucho más duro, porque la vida lo es, porque ser congruentes con nosotros, con lo que sentimos y con lo que creemos tiene un coste en elecciones (lo cual siempre da acojone y supone renunciar a cosas), esfuerzo y dolor. Aunque creo profundamente que merece la pena intentarlo, así que traté de dar este mensaje, y explicarlo desde quién soy yo, lo que sé, y lo que aprendo cada día con esas maravillosas y valientes personas que me permiten acompañarlas en su proceso de entenderse y hacer frente al dolor de sus vidas por amor a sí mismos: mis pacientes.

Yo estoy lejos de ser un iluminado, me gusta demasiado gustar a los demás, soy un poco listo de los cojones, evidentemente malhablado (de hecho, orgulloso y disfruto de ello) y como he señalado antes, algo cobarde cuando se trata de partirme la cara por mi. También me cuesta desconectar y a veces me meto tanto en los proyectos que se me olvida disfrutar de la vida. Mi psiquismo y mi historia de vida está llena de cicatrices de heridas que he vivido, algunas mejor curadas que otras, porque básicamente hice lo que hacemos todos: intentar sobrevivir como buenamente se puede.

Mi terapia me ayudó a ello, mi psicólogo y mentor, Juan Pedro Núñez Partido (o Juanpe, como le llamamos los que tenemos el honor de conocerle) me acompañó en todo ese proceso y cuando no quería ver mi propio dolor y me engañaba, me lo ponía frente a la cara para que dejase de engañarme y decidiese qué quería hacer con ello. Con firmeza pero con calidez, compasión, amor y aunque parezca raro si nunca has hecho terapia, muchas putas risas, que en terapia lloras pero te descojonas también. El caso es que con todo esto, más o menos lo voy manejando, logro escucharme y entenderme cuando me paro a ello (que es menos de lo que debería) y más o menos tengo domada mi deshonestidad, mi desresponsabilización, mi autocrítica, mi deseo de gustar a los demás y el resto de mierdas que hago por el miedo al dolor, pero que al final son peores que el dolor en si mismo.

Creo que casi ninguno de los grandes psicólogos que me gusta lo es, para empezar por Juanpe, que tiene un carácter que se esfuerza por domar y otras mierdas que conozco pero seguro que tiene, como un gusto raro por las personas que escoge como amigo, que ahí seguimos, quedando y viéndonos 7 años después de que me enseñase tantas cosas. Los otros, los que no conocí pero me marcaron a nivel teórico pues no salen mucho mejor parados:

Carl Rogers, del que aprendí la importancia de la empatía, de no juzgar al paciente y a no “protegerme” en el rol del psicólogo delante de mis pacientes, sino ser yo con ellos de forma honesta. Él era alcohólico.

Fritz Perls, que es mi mayor influencia teórica, era un narcisista de cojones y un anárquico, lo cual fue una de sus virtudes pero también lo que permitió la degradación que sufrió su modelo psicoterapéutico por no establecer referentes o límites claros. Eso, y que dejó a su esposa en la Costa Este de EEUU para irse el a la Costa Oeste y acostarse con casi todas sus alumnas.

Viktor Frankl fue tan fuerte como para sobrevivir a un campo de concentración nazi y seguir viéndole sentido a la vida, dotando  de significado al mismísimo horror. No he encontrado información negativa de él, pero el mismo relata en su autobiografía que hizo algunas cosas para sobrevivir de las que no está orgulloso y que una experiencia tan traumática como esa aunque se cure, te marca de por vida.

Sobre Albert Ellis, Lambert,Garay Yonteff, Jeffrey Young, Gendlin, Leví Moreno, Greenberg, Elliot, Hugo Bleichmar, Steven Heyes, Kabat Zin, Marsha Lineham, Melanie Klein, Maslow o Bandura, pues no se muy bien porque no soy tan fan de ellos aunque aprendiese mucho, pero como todas las personas seguro que también tenían sus demonios y que la gente que los conocía bien podían contarte mierdas sobre ellos.

Hasta el Dalai Lama o el Papa Francisco tendrá días de mal humor y fijo que a Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta había gente que les caía jodidamente mal.

¿Por qué te cuento esto? Porque no necesitas un iluminado, no necesitas a alguien se redimió y vió la luz y desde entonces es super feliz. Porque nadie tiene la respuesta, como mucho tiene su respuesta, que a él le pudo ir de cojones, pero no te tiene por qué servir a ti.

No hay respuestas, como mucho la psicología y la gente como yo lo que puede aportarte es conocimiento sobre ciertas reglas generales de cómo funcionan las personas, para que así, tu puedas unir eso con lo que sabes de ti para poder entenderte y si, le echas esfuerzo, compromiso contigo y cojones, poder hacer cambios en tu vida hacia donde quieres que vaya.

Eso y un hombro sobre el que llorar, una palabra de aliento, un espacio donde no sentirte juzgado y atreverte a sí a ver la parte de ti que te da miedo mirar pero intuyes y en mi caso, verme llorar cuando tu dolor me emocione y sentir así que tu sufrimiento importa.

Con todo eso, conforme me conozcas a mi o a cualquier psicólogo verás que no somos seres de luz, sino pobres diablos que también intentan sobrevivir. Que es más fácil ayudar a otros a ser honestos que serlo con nosotros mismos, que el dolor ajeno conmueve, pero, (nos a jodío) duele menos que el propio. No te podremos dar la fórmula infalibe y somos personas que lloran, se enfadan, la cagan, tienen orgullo (esto es frecuente) y hasta por qué no decirlo, tienen (tenemos) gatillazos. Como todo hijo de vecino.

Pero es que esa es la magia, que no hace falta nada genial ni extraordinario. Que no hacen falta iluminados por Dios o la Verdad Revelada. Que un ser imperfecto puede ayudar a otro ser imperfecto a recorrer el camino, a ser más fiel y bueno consigo mismo, a pelear por su dolor y a avanzar, en la medida de lo posible, hacia ese horizonte lejano y difuso que nunca se alcanza y que es la felicidad total.

No se el camino a la felicidad, no se la receta, es más, ni siquiera creo que exista. Creo que lo más parecido es ser fiel a nosotros mismos y tratarnos bien, aunque implique hacer cosas difíciles.

Si quieres, puedes pagar mis honorarios y tengo hueco en mi agenda, estaré encantado de acompañarte porque seguro que mereces la pena.

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