¿Tenemos buenos psicólogos en España? – Buenaventura del Charco

Creo que el nivel de la psicología sanitaria y clínica en España es, en el mejor de los casos, bastante mediocre. Me sorprende enormemente cómo casi el 75% de mis pacientes han pasado antes por uno o dos profesionales de salud mental, habiendo realizado tratamientos con escasos o nulos resultados en unos casos, y en otros, habiendo aprendido algunas “técnicas y herramientas”. Estas les ayudaban a paliar o controlar parcialmente el malestar generado por sus síntomas pero es algo que los pacientes vivían como un parche o algo cansado y difícil de implementar, por lo que no parecía una solución a largo plazo. Así que, en eso, junto con mi experiencia como docente, me baso inicialmente para dar esa afirmación y luego, daré datos que a mi entender (aunque no deja de ser mi puta opinión) avalan mi teoría.

Buenaventura del Charco Olea ejerce como Psicólogo en Marbella y Psicólogo en Granada, además de como ponente o profesor invitado en diferentes Universidades, Congresos e Instituciones.

Antes de empezar éste artículo que imagino que levantará muchas ampollas (las verdades incómodas siempre lo hacen), voy a aclarar mi curriculum: A nivel de salud mental y práctica clínica, soy licenciado en psicología con adaptación curricular a la psicología clínica (vamos, que escogí en la carrera todas las asignaturas relacionadas con la salud mental para especializarme en ésta área), tengo un Máster en psicología de la salud y de la práctica clínica de dos años (es decir un máster de especialización en salud mental) y un postgrado en terapia humanista de otros dos años (una especialización en un tipo de psicoterapia en concreto). A nivel de formación he sido profesor del Máster de Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Madrid, profesor de Grado de Psicología de Intervención y Tratamiento Psicológico así como director del programa de formación clínico “Estudio de Casos para Habilidades Transversales en Psicoterapia” en el Centro Universitario Cardenal Cisneros de la Universidad de Alcalá. Fundé y dirigí durante 4 años la academia privada de formación para psicólogos “Aprende Viendo Terapia” y he sido tutor de prácticas de psicología sanitaria en máster y grado de varias universidades (Autónoma, Complutense, Pontificia de Comillas, Camilo José Cela, Europea de Madrid, Juan Carlos I y Francisco de Vitoria) y actualmente soy profesor de la Unidad de Docencia y Psicoterapia del Hospital Universitario Virgen de las Nieves (es decir, la “academia” donde se forman los psiquiatras y psicólogos residentes de la Seguridad Social en Granada).

Todo esto no lo digo por narcisismo, sino, simplemente, por dejar claro que soy bastante consciente y conocedor de la formación de los psicólogos en España y que no hablo por hablar, si bien, vuelvo a recalcar que esto no deja de ser mi opinión (y que ésta es como los culos: todos tenemos una).

En España hay dos formas de ser psicólogo de salud mental: por máster o por oposición vía PIR, en ésta no voy a entrar porque son apenas 120 plazas para todo el país, es decir un número anecdótico. Su formación consiste en 4 años de grado más aprobar una oposición muy difícil de conocimientos teóricos de psicología sanitaria y en general y una residencia de 4 años. Vamos, el equivalente a lo que hacen los médicos con el MIR. Así que la mayoría de los psicólogos que se dedican a la salud mental en España lo son siguiendo el siguiente formato: estudiar el grado en psicología y luego un máster de especialización en psicología general sanitaria (4 años de grado + 1,5 o 2 años de máster). De esos años de estudios, sólo 120 horas de 2400 del grado son de prácticas (es decir, sólo el 5%) que además no tienen por qué ser necesariamente de ámbito sanitario (a mi, por ejemplo, me pusieron a dar talleres en un instituto, donde no aprendí muchas cosas útiles para luego mi trabajo en consulta) y en el máster realizan un total de 300 de 900 horas de prácticas reales  (aquí subimos a un 33%, que en un máster de especialización sanitaria y clínica se me sigue quedando muy muy corto) si bien es cierto que en algunos másteres privados se llegan a las 450 o incluso más. Si sumamos ambas formaciones, el psicólogo tiene un total de 420 horas de formación práctica real en 5,5 años de estudios, vamos, que no llega ni a 80 horas (2 semanas trabajando a jornada completa) al año. No parece mucho para alguien que va a asumir una realidad tan delicada como ponerse a ver pacientes, ¿verdad?

Vamos a compararlo con un país que sí tiene un nivel de psicología en salud mental potente, como, por ejemplo, Alemania.  Allí hacen primero 3 años de grado y luego 2 años de máster de psicología, pero si quieres ser psicoterapeuta, tienes que cumplir una serie de exigentes requisitos: Hacer una formación específica en sanidad y psicoterapia que dura entre 3,5 y 4 años, realizar 1200 horas de prácticas en una clínica, 800 horas trabajando y llevando casos en consulta y 120 horas de supervisión (la supervisión consiste en que un grupo de psicólogos nóveles se reúnen con un psicólogo experto para contarles que están haciendo con los casos para generar debate, análisis y recibir consejos del psicólogo experto y los otros compañeros) Además, durante todos estos años de formación en sanidad, uno o dos fines de semana al mes tienes seminarios adicionales sobre temas de psicología sanitaria y realizan una terapia en grupo con 12 compañeros para realizar un trabajo personal como “pacientes” donde explorar cómo se sienten con sus pacientes, identificar sus “temas sensibles” y cómo pueden afectar a su práctica con los pacientes o debates éticos o deontológicos (en España no se hace trabajo personal por parte del terapeuta, aunque luego hablaré de eso en mayor detalle). Por si todo esto fuera poco, tienen que hacer una “reválida” final en un examen bastante exigente para demostrar sus conocimientos y una vez obtenida la titulación de psicoterapeuta, están en la obligación de hacer al año 50 horas de seminarios para no perder su título de especialista (en España lo del examen final o lo de exigir los títulos ni se plantea).

Señalar además otras fallas como que  en la mayoría de las universidades se estudian diferentes tipos de terapia (en psicología existen 4 tipos de “enfoques o paradigmas” sobre cómo hacer psicoterapia que son: psicoanálisis, sistémica, humanistas y conductistas/cognitivo-conductuales) y en nuestro país sólo se estudia en profundidad uno de los modelos (conductismo/cognitivo-conductual) dejando las otras fuera de la formación o como meras asignaturas optativas muy introductorias. Yo, por ejemplo, sólo tuve una asignatura de psicoanálisis en toda la licenciatura y el humanismo y la sistémica ni los vi a pesar de coger todas las asignaturas optativas de psicoterapia que ofertaban.

Como resumen de datos:

España: 4 años + 1,5-2 de máster. 420 horas de prácticas. NO terapia de análisis personal ni examen final. Una vez obtenida la especialización NO se exige más formación o reciclaje. Salvo excepciones no se estudian diferentes tipos de psicoterapia (sólo terapias conductistas y cognitivo-conductuales).

Alemania: 3 años de grado + 2 de máster + 3,5-4 de especialización en psicoterapia. 2000 horas de prácticas + 120 de supervisión. Trabajo de terapia personal. Examen final. Obligación de 50 horas de reciclaje anual. Estudian varios tipos de psicoterapia en profundidad.

Hablando ya más de hechos más allá de los datos y entrando en mi propia opinión, creo que de todos estos notorios déficits para mi el más preocupante es el hecho de que en España no exista ni esa terapia de grupo para trabajo personal que sí tienen en Alemania, ni la cultura que existe en la mayoría de países (en muchos es hasta obligatorio) de que el psicólogo debería tener que hacer terapia personal como paciente. Esto puede parecer raro, pero tiene todo el puto sentido común: si una persona es la que evalúa si otra está bien o mal, primero deberemos tener claro que esa persona no tiene ningún problema ¿no? De la misma forma que las herramientas de medición se comprueban para ver si están calibradas. Creo que es absurdo pensar que si un psicólogo por ejemplo, ha tenido una madre alcohólica o tiene complejos con su físico, eso no va a afectarle en absoluto cuando vienen pacientes con problemáticas relacionadas o con su forma de entender y manejar ciertos diagnósticos. Además, creo que para empatizar con un paciente y entender lo que es exponer tus miserias y enfrentar tus miedos más profundos con otra persona en la terapia, nada mejor que el hecho de haberlo hecho tu antes y haber estado sentado en la silla de paciente. Yo me hice una terapia de dos años y aparte de que me cambiara la vida, me ayudó a entender cómo influía en mi práctica mis propias heridas emocionales (miedo a no gustar, bullying, autoexigencia…) y a empatizar con lo jodido que es mirar la propia miseria. Por otro lado, tenemos el hecho de que en toda la formación no existe una sola asignatura en la que enseñen a manejar la relación psicólogo-paciente, algo que es fundamental y que la evidencia científica ya ha demostrado que es el factor clave para que una terapia funcione.

Podría añadir mil apéndices más: falta de estudios complementarios como filosofía, sociología o antropología (porque hay factores no individuales como la estabilidad laboral o la cultura que influyen en cómo se encuentra una persona), que hasta ahora las notas de corte para entrar en psicología no eran muy exigentes, el daño que han hecho otras disciplinas intrusistas o teorías poco serias o al menos ajenas a la psicología de las que muchas veces los psicólogos son partícipes (pensamiento positivo, esoterismo, reduccionismo biológico…).

Fruto de estos polvos, tenemos el lodo del tipo de psicoterapia actual que se hace en España: basada en la técnica de moda, excesivamente reduccionista y centrada en la sintomatología, poco empática y humana, y relativamente mediocre.

¿Por qué escribo este artículo? Pues básicamente porque estoy harto de ver a pacientes que se responsabilizan de sus problemas y hacen el esfuerzo de hacer terapias que debido a estos déficits señalados no son muy eficaces y que les crean la sensación de que deben resignarse a vivir sufriendo problemas que tienen solución. Darme cuenta de cómo aparecen mil cantamañanas, gurús y mamarrachos que hablan de problemas psicológicos sin saber del tema aprovechando que muchas personas no encuentran en la psicoterapia una solución real y porque amo mucho mi disciplina para ver cómo está desprestigiada por la falta de una formación adecuada tanto académica, pero sobre todo humana, personal y empática, para los que hacemos algo tan delicado como es acoger e intentar ayudar en el malestar emocional y psicológico de nuestros valientes pacientes.

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