El autoengaño como terapia – Buenaventura del Charco

Una de las grandes tendencias en psicología, es la de la existencia de técnicas para “autoengañarnos”. Este tipo de automanipulación se puede catalogar en dos tipos: poder sentirnos más seguros, valiosos o habilidosos de lo que realmente somos, es decir un autoengaño entorno a vivirnos con unas cualidades que no tenemos, o las que consisten en reevaluar la situación que estamos viviendo o cómo nos afecta de forma que parezca menos grave.

Para hacerlo se nos plantean infinidad de recursos y técnicas para lograrlo, desde Programación Neuro Lingüística (PNL),  cambiar nuestro lenguaje corporal (la famosa postura del héroe o forzar la sonrisa), crear una sensación como componentes o evocando situaciones en las que sí que lo fuimos en nuestra imaginación o mediante hipnosis ericksoniana, recordar y hacer un listado de nuestros puntos fuertes, rituales religiosos o esotéricos de diferentes formatos para atraer o invocar un poder superior que nos de esa cualidad, trabajar nuestras creencias y percepciones, pedirle a otros que nos narren lo que ven bueno en nosotros o alterarnos bioquímicamente a través del consumo de distintas sustancias (desde las naturales a las no tanto…) o mediante las conductas que lo provocan (liberar determinados neurotransmisores a través de prácticas concretas como el sexo, el deporte, la respiración…)

La verdad que existen tantas modalidades casi como profesionales del cambio, algunas se basan en lo que a mi entender son verdaderas mamarrachadas carentes de cualquier atisbo de argumentación o base real y otras sí provienen de una psicología seria y tienen hasta base empírica (aunque la solidez, extrapolación de los datos a la vida real y problemas de reduccionismo de la ciencia en psicoterapia daría para unos cuantos artículos…). Es decir, que a diferencia de otras tendencias, muchas tienen una base fundamentada y son aplicados por profesionales que podemos catalogar como “serios”.

Mis dudas por tanto vienen por otro lado y es, independientemente de la solidez de dichas técnicas o su eficacia: ¿de verdad es bueno autoengañarnos? Porque quizás yo estoy puto loco o soy raro de cojones, pero tengo mogollón de dudas al respecto

En primer lugar, cuando discuto de este tema con otros profesionales, me plantean que cuando la persona se siente más capaz o  ve la cosa menos negra, es más probable que lo haga bien, y yo me pregunto si una terapia que fomenta que para una persona haga lo que quiere o necesita hacer y enfrente las situaciones tiene que ver que es capaz y va a salir bien eso es una terapia real, en el sentido de que yo considero que uno de los aspectos clave que he conseguir en todo proceso terapéutico es el que mi paciente forje un compromiso consigo mismo en el que esté dispuesto a encarar las cosas y sus propias emociones independientemente de que vaya a salir bien o no, una especie de lealtad y compromiso incuestionable consigo mismo en el que ser coherente, honesto y asumir la responsabilidad de lo que quiere en su vida sea siempre la prioridad. Si sólo estoy dispuesto a partirme la cara por mi y pelear cuando creo que me va a salir bien no estoy fomentando una mierda de incondicionalidad conmigo y me dejaré tirado en cuanto las cosas se pongan feas. Poco amor a uno mismo y poca elección real sino más bien condicionada de forma determinante por factores externos que garanticen o no mis probabilidades de éxito.

En segundo lugar, se me viene a la cabeza la falta de aceptación hacia nosotros mismos y de permitirnos nuestras taras, dificultades, incompetencias y miserias en las distintas áreas. En esta cultura obsesionada con la productividad y el rendimiento, en el que las personas son reducidas a productos cuyo valor depende de sus cualidades y resultados, de forma no muy diferente a la que ocurre en el ganado en el que la vaca que produce más leche vale más que no o el perro de pedigrí que el chucho parece que permitirnos ser sin caer en la autoexigencia y el perfeccionismo, con la humildad de nuestras limitaciones no está muy de moda. Por eso se habla del autoengaño como medio válido para conseguir objetivos y propósitos sin cuestionarnos qué dice eso al respecto sobre la relación que construimos con nosotros mismos. 

¿No deberíamos luchar contra un ego tan frágil que no es capaz de vernos fallar o permitirnos ser incapaces en algo? ¿No es narcisista y poco humilde tener que vencer siempre? ¿No deberíamos reducir la autoexigencia y el perfeccionismo? ¿No sabemos también que la autocompasión, la aceptación, la incondicionalidad, el no reprimir emociones aunque sean desagradables o acostumbrarnos y exponernos al fallo son poderosas herramientas terapéuticas que también está demostrado científicamente que influyen de manera determinante en la felicidad y bienestar humano o estar satisfechos con quién somos?

En tercer lugar, está la cuestión de su eficacia mantenida en el tiempo, e intento explicarme. Entiendo (y de hecho está comprobado) que mediante una técnica puedo crear esa sensación artificial que compense un miedo interno puedo enfrentar con esa preparación una situación adversa, pero, tengo mis serias dudas sobre si son aplicables de forma mantenida en el tiempo y que funcionen.

Señalo esto porque creo que la mayoría de las veces esas situaciones simplemente ocurren de forma inesperada (sólo algunas son programadas como hablar en público en una reunión o decidir sacar una conversación difícil con un familiar o entrarle a esa persona que me gusta) o con una intensidad emocional o ritmo que hacen difícil poder pararse y aplicarla… 

Además, como también es sabido, el ser humano tiene un efecto de habituación a cualquier tipo de estímulo o sensación, que básicamente hace que las cosas nos provoquen menos efecto, algo que si ocurre hasta con algo como el efecto de un ansiolítico o la farlopa también lo hace con las técnicas psicológicas o crear sensaciones, por lo que a largo plazo, no parecen muy sostenibles.

Sabemos que el cerebro tiene diferente tipo de vías de procesamiento de la información, unas más conscientes y voluntarias, que suelen ser más lentas, y otras más automatizadas y rápidas, que, a pesar de sus sesgos mentales, son mucho más potentes.

La llamada “vía rápida de procesamiento de la información” que es de corte emocional, es la que provoca esas respuestas no racionales a las cosas, y tiene una capacidad increíblemente superior, por tanto, esperar que con unos cuantos ejercicios de autoengaño podrás superar la de cientos de veces que esas vías se activan con un mensaje contrario al de esas técnicas, es como creer que con un fiat 500 podrás ganar a un lamborgini diablo.

Si nuestra mente fuese tan fácil de engañar, el ser humano no sería la cumbre del proceso evolutivo. Somos un animal que dada su poca capacidad como depredador (garras, colmillos, fuerza, veneno u otros mecanismos que tienen otras especies) tuvo que desarrollar una mente capaz de reaccionar y aprender de las situaciones de forma veraz y contundente, por lo que no es tan sencilla de engañar…

Finalmente, considero que negar una verdad interna, es el equivalente a invalidarnos, a negar una realidad que puede no ocurrir de forma objetiva pero que ocurre como fenómeno indiscutible: tú te sientes de una manera determinada. Poco hay más cierto que el hecho de que tú lo vives así, y creo que deberías actuar en consecuencia, asumiendo la responsabilidad y eligiendo qué hacer con ello, te guste o no, más que intentar autoengañarte.

Creo que la psicoterapia real y permitirme la cursilería, amorosa, no es la que fomenta las capacidades sino la que fomenta la aceptación de nuestras mierdas, ya que es muy fácil amar a la parte de nosotros que es fuerte y capaz pero la parte que más nos necesita es la que huele a mierda y es feilla. También que es con esa parte con la que hemos de comprometernos realmente y estar dispuestos a pelear por ella, a no dejarla tirada a la mínima que olemos la posibilidad de fracaso o que nos hace sentir algo desagradable…

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