No, todos los cuerpos no son bonitos – Buenaventura del Charco

Vivimos una época curiosa, o, al menos a mí me lo parece. No soy un gran consumidor de redes sociales (y no lo digo demonizándolas, simplemente a mí me aportan poco) pero de vez en cuando me gusta “olisquear” en ellas porque creo que son una buena radiografía de la sociedad, de cómo nos proyectamos hacia fuera, es decir, de cómo queremos ser vistos por los otros.

Y hay un fenómeno que últimamente me ha llamado la atención: desde hace un tiempo observo el mensaje “todos los cuerpos son bonitos” y me parece que tiene mucha más miga de la aparente.

De entrada, parece un eslogan que, como psicológico debería apoyar: es un acto de rebeldía contra la tiranía de los cuerpos perfectos de modelos, influencers, atletas y demás personajes de comprensión digna de un dios griego que inundan los medios y redes, ante los cuales todos nos sentimos horrendos. ¿Entonces, por qué cojones escribo ésto? Pues bien, porque creo que, sencillamente, no es cierto.

Es evidente que, mi cuerpo no es comparable al de Brad Pitt en Troya, y no sólo ya con una estrella de Hollywood, si no que nunca fui de los tíos guapos de mi clase. De hecho, de pequeño, tenía una deformación congénita en la mandíbula y era bastante feo. Difícil de ver, vamos, y los niños que a esa edad suelen ser bastante hijos de puta y en mi clase había un buen catálogo de ellos, encontraron en mi aspecto munición para burlarse, estigmatizarme y en general joderme la vida.

Fue injusto y horrible. Me dejaron heridas que todavía aún sangran, a pesar de una buena terapia a las espaldas. Luego gracias a Dios me pudieron operar y creo que me quedé como una cosa bastante normalita: sigo siendo el más bajito de mi grupo de amigos, tengo mi pancilla (como buen granaino adoptivo me gusta irme de cerves todas las semanas) y soy muy del montón vamos.

El caso, es que por mucho que todo eso fuera horrible y que me duela ver cómo se fustiga a la gente por su físico y se les rechaza, creando inseguridades, una gran autoexigencia y autocrítica por no cubrir determinado tipo de estándares estéticos casi inalcanzables no creo que esa sea la solución, sino que es incluso parte del problema.

Reitero que para empezar, no es verdad y es llamativo cómo esta sociedad con fobia al dolor quiere inventarse y crear el mundo en vez de aceptarlo tal y como es sencillamente porque es incapaz de relacionarse con el malestar emocional. Hay que encajar las verdades dolorosas, no deformar la realidad y negar lo evidente para protegerme de ellas. La sociedad siempre va a crear unos estándares de todo (qué es bello, qué es bueno, qué es moralmente correcto…) y está genial que entendamos que no son una realidad natural, que podamos verlos con pensamiento crítico pero también que asumamos que están ahí y que vivimos en ese mundo, y si, para esos estándares normativos unos son más feos que otros.

Todo el mundo no puede ser guapo, ni listo, ni hábil, ni creativo, ni gracioso… Es lo que hay. Y, es más, sería un coñazo sí todo fuera igualitario, sin diferencia ni pluralidad ninguna.

Cómo segundo argumento en contra citaré una de las máximas de la terapia sistémica: “la solución forma parte del problema” y es que lo que están intentando hacer es lo siguiente: la gente tiene que quererte y es terrible si te rechazan, tienes que ser guapo y bonito tú también (porque eso es lo importante) así que vamos a hacer que lo seas. Y, joder, digo yo que es el puto mensaje erróneo, que lo que debemos poder conseguir, es decir: vale eres feo, pero quizás eso no es lo único importante. Eres feo pero no por eso te tienes que machacar. Eres feo pero tú valor no radica en ello.

Para finalizar, señalaré que debemos asumir la responsabilidad individual de nuestro propio sufrimiento y felicidad. Con esto no quiero decir que no neguemos la evidencia de que todo no depende de nosotros, siendo los factores sociales, contextuales y fuera de nuestro control de gran importancia, y me parece genial que reivindiquemos una sociedad menos cabrona y más justa, pero tampoco podemos desresponsabilizarnos y pedirle a la sociedad que cambie para que a mí no me duela o yo no tenga que hacer ese trabajo. “No quiero sentirme feo o gordo, así que la sociedad debe cambiar”, sería genial, pero creo que debes asumir esa realidad y entender que, al menos una parte, depende de ti.

Que eres tú el que puede asumir los convencionalismos sociales y dejar que te machaquen o rebelarte ante ellos, que puedes intentar amarte de verdad y que eso no consiste en autoengaños y relativismos con cada parte de ti que no te gusta, si no en aprender en aceptarte incondicionalmente, incluso con las partes de ti que no te gustan un carajo y que apestan y de esas tenemos todos, hasta los guapos.

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